3

 Nos quedamos unos segundos en silencio. No sé qué decir. Una idea asalta mi cabeza y antes que pueda razonar, las palabras salen por mi boca.

-¿Sabes qué? Creo que voy a irte a ver también a Valencia.
-¿De verdad? –Se sorprende alzando ambas cejas de nuevo.
-Sí, acabo de decidirlo. Anoche disfruté mucho en el concierto y quiero repetir.
-Bffff… Gracias de verdad, no sabes lo que significa para mí oír eso. Yo acabo de salir del caparazón y ver que hay gente que realmente cree en mí… Es imposible expresarlo con palabras.
-Estoy convencida de que llegarás muy lejos, te lo digo de corazón.
-Gracias, mi niña. –Me sonríe abiertamente y creo que me va a dar algo. Inspira, expira. Inspira, expira. Bueno, parece que al menos recuerdo cómo respirar.


Valencia, dos días después. No me puedo creer que vaya a volver a verle tan pronto. Dudaba si venir aquí o no, pero en un impulso decidí comprar la entrada y coger un billete de avión. Esta vez Sandra no está, pero María me recoge en el aeropuerto y me quedo a dormir en su casa. ¿Se acordará de mí? Esa pregunta asalta mi mente, pero la descarto con rapidez. Ni siquiera se acordaba de mí al día siguiente al concierto, ¿cómo se va a acordar ahora? Estamos en metro de Valencia, yendo hacia el local dónde tendrá lugar el concierto. Quedan apenas unas horas para poder volver a disfrutar de su música y de las sensaciones y emociones que ésta produce en mí.

María se adelanta y coge sitio mientras yo me entretengo comprando algo que regalarle a Pablo. No es que sea su cumpleaños ni nada parecido, pero me parece justo agradecerle con un regalo lo mucho que me hace sentir con sus canciones. Me recorro las calles aledañas al local y consigo encontrar algo decente que comprarle. Salgo corriendo hacia allí. Intento esquivar la lluvia correteando entre los edificios, pero los altísimos tacones me impiden correr más, así que inevitablemente acabo algo mojada.

-Abuf, menos mal que no ha empezado, rebufo sentándome junto a María. Ha conseguido asiento en primera fila, y sonrío victoriosa al pensar que voy a tener de un momento a otro a Pablo justo delante de mí.
-¿Se puede saber dónde te has metido? Pensé que no llegarías a tiempo.
-Es que no sabía que comprarle... es complicado. Es un hombre, ya sabes... El ronroneo de las cuerdas de una guitarra me alertan, y desvío rápidamente la mirada hasta el escenario.

Pablo está sentado en un taburete, acariciando las cuerdas de su guitarra. Su voz empieza a fluir, inundando toda la sala, que enmudece ante tan dulce melodía. Mi mirada está fija en él, en el movimiento de sus manos y de su boca, no puedo apartar la vista de su persona. No puedo evitar emocionarme con cada nueva nota y algunas tímidas lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas. Pablo va mirando a todo el mundo, mantiene el contacto visual con todo el público de esa sala. Cada vez que su mirada se cruza con la mía siento como se me detiene el corazón y después empieza a latir como si no hubiera mañana.

Sonríe al ver que mi llanto silencioso no cesa. Debe tratar de calmarme, pero si os digo la verdad, todavía me pone más nerviosa. Cada canción me gusta un poco más que la anterior. Me dejo llevar por su voz, y cierro los ojos para imaginar cada una de las historias que cuenta.Dejo que nuevas emociones me invadan y la sensación es inigualable, nunca me había sentido así. Abro los ojos, aún llorosos y me encuentro de nuevo con su mirada. Me guiña un ojo y sonríe de nuevo, y siento que mi mundo se detiene por unos segundos.

El concierto acaba y Pablo, como en otras ocasiones, baja a saludar a la gente. Se forma un corrillo entorno a él, y me retiro para evitar que la multitud me arrastre junto a ellos. Pierdo de vista a María un instante, pero no tardo en divisarla entre la muchedumbre. ¿Qué hago? ¿Me adelanto y le doy el regalo? ¿Me espero a que la cosa se calme un poco? Por una inexplicable razón, salgo de la sala, intentando recuperar el aliento que siento consumido.

Inspiro profundamente el frío aire de la calle. ¿Se puede saber qué mosca me ha picado? Tanto tiempo esperando este momento y ahora me largo. Pero es que el agobio ha podido conmigo. No sé si debería volver dentro, tal vez debería buscar a María. Además, quiero darle el regalo a Pablo. ¿Seguirá atendiendo a fans? Espero que sí. Ufff… Pero no me veo con el coraje suficiente como para volver a entrar ahí, menuda jauría. ¿Qué hago? De repente oigo una voz tras de mí que me resulta familiar. Me giro para descubrir de quién se trata y me encuentro con que es el mismísimo Pablo. Todo mi cuerpo empieza a temblar, no sé cómo debo reaccionar.

-¿Te ibas ya?, me dice. Espera, espera, ¿me pregunta a mí si me voy?
-Si, bueno, no, bueno he salido pero pensaba volver a entrar... Yo... ¡Oh dios mío! ¡Parezco idiota con tanto tartamudeo! Pablo se ríe y se acerca poco a poco a mí. Tengo en mi mano la bolsa con su regalo, pero no tarda en caer al suelo debido a la tiritera que llevo encima. Me agacho enseguida a cogerlo y me lo encuentro agachado frente a mí, mano con mano, tratando de coger, ambos, la bolsa. Se levanta antes que yo, con la bolsa en la mano, y me la tiende enseguida.
-¿Estás bien?
-Eh, sí, sí, bien. Esto, yo… La bolsa, la bolsa es un regalo para ti. -¿En algún momento lograré hacer una frase que tenga coherencia? ¡Por dios Ariadna, cálmate! Sólo es Pablo Alborán… No puedo evitar el sarcasmo.
-¿Un regalo? ¡No hacía falta, mi niña!
Mi niña. Me acaba de llamar mi niña. Mi corazón se detiene y siento que en cualquier momento me puedo desmayar. Sé que siempre usa estas dos palabras pero no es fácil acostumbrarse a que te las diga a ti. Estoy en shock.
-Muchas gracias, de verdad
-Pero si no lo has abierto... murmuro. Se rasca la cabeza y ríe. Es tan guapo. Adoro esa sonrisa contagiosa que tiene...
-Ahora mismo lo abro, pero te quería dar las gracias por adelantado. Observo impaciente como abre el regalo. Creo que estoy yo más nerviosa que él por saber si le va a gustar o no. Veo como abre los ojos de mar en par y me mira.
-¿E-E-En serio esto es pa-para mí? Me río por dentro. Ahora es él quién balbucea.
-Claro que sí. –Le sonrío.
-Me encanta, de verdad, es un detalle precioso. ¿Me ayudas a ponérmelo?
-Cl-claro.

Pablo me tiende el colgante. Es una púa de plata con la inscripción “Solamente tú” grabada en ésta. Abro el cierre de la cadena y me coloco detrás de Pablo. Me pongo de puntillas para poder llegar bien a abrochárselo y le pongo el collar.

-Esto en las películas normalmente es al revés. –Me río. ¿Cómo? ¿He dicho yo eso? ¡Maldita manía de pensar en voz alta! Oigo una carcajada de Pablo y siento como su cuerpo se zarandea con su risa junto al mío.

-Pues ahora que lo dices… Creo que llevas razón.
-Lo siento... siempre hablo de más...
-No te preocupes, ¡hombre! Se gira y me enseña risueño la cadena. -Me encanta, de verdad.
-Me alegro... eso... ¿puedo pedirte algo?, le digo tímidamente. Sonríe y asiente.
-Por supuesto, dime mi niña. Cada uno de sus “mi niña” consiguen que me enamoré más de él, si es posible.
-¿Puedes firmarme aquí?, le digo sacando la foto que nos hicimos en Madrid.
Pablo coge la foto y sonríe.
-Claro que sí, mi niña. -Veo como escribe algo sobre la foto y la firma.- Aquí tienes. -Me la tiende, junto con el rotulador.
-Si…muchas gracias, de verdad.
-A ti.
-Pablo, tenemos que irnos –Se oye a alguien gritando a lo lejos.
-Bueno, no te entretengo más, creo que tienes algo de prisa. Quizás podamos compartir otro café un día de estos. –Sonrío recordando el desayuno que compartimos en el hotel de Madrid.
-¿Eras tú? –Se sorprende.- Estaría encantado de compartir otro café contigo –Me sonríe.
-Pablo, vamos, no podemos entretenernos más.
-Tengo que... ¿nos vemos pronto?

Después de darle muchas vueltas a cómo decírselo a mis padres, decido dar un paso más y hacerlo. No sé cómo van a reaccionar, pero necesito ver a Pablo... Abro la puerta de mi habitación y bajo las escaleras hacia el salón.

-Mamá, papá… Esto… Er, quería… Quería preguntaros algo…
-Dinos, cariño. –Inspiro profundamente y dejo ir el aire lentamente antes de formular mi pregunta.
-Quiero ir a unos cuantos conciertos de la gira de Pablo…
-Azahara…
-Mamá, por favor.
-Lo que diga tu padre.
-Vamos, papá…
-No. Cuando venga a Barcelona ya hablaremos, hasta entonces, ni de broma.
-¿Por qué? Todas mis amigas van, por favor…
-Me dan igual los demás, tú no vas y punto. Y no insistas más.
-Papá... tengo 21 años ya, no soy ninguna niña.
-¿No tienes experiencia ya en saber lo que
significan mis “no”?
-No sé ni para qué pregunto... igual de retrógradas que siempre.
-¡Azahara un respeto a tus padres!, grita mi madre ofendida.
-Yo doy lo que me dan, no veo el respeto hacia mí por ningún lado.
-¡Somos tus padres!
-Lo sé... por desgracia lo sé...
-Pero cómo... Mira Azahara, estoy cansada de ese cantante, desde que le sigues has cambiado muchísimo
-Desde que le sigo he abierto los ojos, que es diferente.
-No vuelvas a hablarnos así, vete a tu habitación.
-Dejadme en paz. –Grito, frustrada.

“No entiendo porque papá y mamá no me dejan ir a la fiesta de cumpleaños de Nerea. Todos mis amigos van y por mucho que se lo digo no me dejan. Me dicen que tenemos que ir a casa de unos amigos suyos y que no podemos ir, pero la mami de Nerea nos había dicho que ella cuidaría de mí, que podía quedarme a dormir con Nerea. Es injusto... Siempre me dicen que no a todo. Los niños de mi clase me miran raro porque muy pocas veces he podido ir a sus fiestas de cumpleaños y las mías son aburridas, en el jardín de casa. Yo quiero ir al chikipark, como ellos, pero mis papis no me dejan. Y si me quejo me riñen y me hacen llorar. "

Me enjuago un par de lágrimas que caen por mis mejillas mientras acabo de subir las escaleras hasta mi habitación y me encierro en ésta. Siempre han sido tan exigentes conmigo… No es que tenga precisamente muy buenos recuerdos de mi infancia.
Me tumbo en la cama y marco el número de Miriam. Qué raro, no me lo coge. Parece que está comunicando. Lo que me faltaba ya… ¿Es que acaso puede pasarme algo más ya, hoy? Oigo como llaman a la puerta.

Azahara! Necesito que me dejes tu vestido azul.
-Lidia, ahora no, vete.
-Pero es importante, lo necesito para salir esta noche. –Abre la puerta de la habitación y asoma la cabeza.
-¡Que te vayas! –Le lanzo un libro que hay en mi mesilla de noche y cierra la puerta ipso facto.
-¡Mira que llegas a ser borde cuando quieres! Lo que necesitas es un buen polvo a ver si se te quita toda esa tontería de encima. –Oigo como grita mientras se aleja.

Vuelvo a intentar llamar a Miriam, a ver si ahora me lo coge.

2



Despierto a la mañana siguiente algo desorientada. ¿Dónde estoy?.... ¡Oh, sí, el hotel! Después del concierto fui con Sandra a tomar una copa, hablamos del concierto y de cómo nos sentíamos después de verle en directo.

Aún sigo en una nube tras la noche de ayer. Si ya me gustaba como cantante, después de haber cruzado un par de palabras con él y comprobar lo atento y cariñoso que es, aún me gusta más. Me revuelvo en la cama, feliz, rememorando los sucesos de anoche. Me levanto y me meto en la ducha, para acabar de despertarme. Son las diez de la mañana. Pensaba que sería más tarde. Me visto con algo informal, cojo mi bolso y salgo de la habitación. El desayuno es hasta las once y media, creo. Entro en el ascensor para bajar al comedor y, cuando las puertas están a punto de cerrarse oigo como alguien grita “¡Espera!” y una mano detiene las puertas antes de que éstas se cierren. Las puertas vuelven a abrirse y me quedo atónita ante lo que mis ojos ven delante de mí.

-Buenos días.  Pablo Alborán entra en el ascensor con una sonrisa dibujada en su cara y a mí me tiembla hasta la última pestaña ¿Pablo? Anda adormilado, muy amuermado diría yo. Me río por dentro a pesar de lo nerviosa que me siento.

-Er… Sí. Frunce el ceño algo confuso.

-¿Te alojas en este hotel? Mi voz es casi un susurro. ¡Oh, por favor, qué pregunta más estúpida! Pues claro que se aloja en este hotel. Ariadna, ¡eres imbécil!

-Sí. Sigue medio dormido, pero está tan tremendamente sexy con esa carita. ¡Dios mío Ariadna, que son las diez de la mañana, deja de pensar en cosas sexys!

-Qué casualidad… -Murmuro finalmente. Anoche estuve en tu concierto.

-¡Oh! –Pablo se sorprende.- Gracias por venir. Me sonríe.

-Oye, ¿te hace un café? Oso preguntar. ¿En serio he dicho yo eso?  Pablo me mira entre desconcertado y sorprendido, parpadeando unas cuantas veces seguidas. ¿Me he pasado?

-Será un placer. Sonríe divertido mientras me mira. Le sonrío de vuelta, y esta es toda nuestra conversación en el ascensor.

Entramos en el comedor del hotel, el cual está bastante vacío para ser las diez de la mañana, y nos sentamos en una de las tantas mesas libres. El desayuno del hotel es bufet libre, así que cada uno se levanta por su cuenta para escoger lo que le gustaría desayunar. Me siento en la mesa yo primera, pero me espero a que llegue para empezar con mi desayuno. ¡Caray! Es una situación un poco incómoda… No había pensado en eso. Pablo llega a la mesa y se vuelve a sentar delante de mí. Me sonríe y empieza con su desayuno, así que yo hago lo mismo.

-Así que, cuéntame Pablo interrumpe el hilo de mis pensamientos.- ¿Qué te pareció el concierto de anoche?

-Fue… especial. No sale nada más de mí. ¿Qué voy a decirle?

-¿Especial? Alza ambas cejas, en sorpresa.

-Sí, al menos para mí. Era la primera vez que te veía en persona y no te imaginas lo nerviosa que estaba. Tenía muchas ganas y… Sinceramente, superaste con creces todas mis expectativas.

-Vaya… me halaga oír eso. Aún se me hace un poco extraña esta situación, supongo que tendré que habituarme.

-¿A que te inviten a cafés? Me río.

-Sí, a eso también. Se une a mi risa. La verdad es que me has pillado desprevenido, no me había ocurrido nunca.

-Bueno… Siempre dices que eres un chico normal que se dedica a lo que le gusta, la música, pese al hecho de ser conocido, así que… Si fueras un chico normal, te hubiese invitado a café, y eso es lo que he hecho. Le sonrío orgullosa.

-Me gusta ese razonamiento.



-¡Azahara!, ¡Azahara, el teléfono! Dejo de escribir al oír la voz de mi madre llamarme. Al segundo, oigo como entra en mi  habitación y me tiende el teléfono.

-¿Quién es?, pregunto antes de llevármelo al oído. Mi madre se encoge de hombros e
inicia el camino a la inversa que acaba de hacer. ¿Si?

-Azahara, cariño, responde Miriam, una de mis amigas alboranistas. Sonrío al oír su voz y giro la silla para volver la vista a mi escritorio.




-¡Hola Miriam! Contesto animadamente. ¿Cómo estás? ¡Hace mucho que no te veo!

-Bien, bien. Todo sigue igual que siempre. Te llamaba por el tema de las entradas del concierto de Pablo. ¿Vas a venir, no?

-¡Claro que sí! ¡No me lo perdería por nada del mundo! Después de tanto tiempo ansiando este momento…

-¿Vas a venir a todos los conciertos? Las chicas y yo ya estamos planeando todo el recorrido.

-¿Recorrido? ¿Pero dónde queréis ir? No sé si mis padres...

-Azahara, cielo, que tienes 21 añitos ya... que no tienes que pedirle permiso a nadie para salir.

-Ya pero... ya sabes como son...

-Bueno, mira, yo te cojo las entradas y tú convences a tus padres. Y si no, pues te escapas.

-Sabes que no puedo hacer eso… Ya me gustaría, ya.

-Entonces qué, ¿no vienes?

-¡No! Claro que sí, me muero de ganas. Es sólo que… no sé cómo plantearlo

-Déjalo caer. Si ves que no pillan la indirecta diles que te vas a los conciertos. Pero no lo preguntes, afírmalo. Si te ven dudar puede que te coaccionen para que no vayas.

-No sé… Es complicado

-No lo es. Algún día tendrás que plantarles cara Azahara, no puedes estar así de cohibida toda tu vida.

-Está bien, cógelas entonces. Te las pago mañana mismo, le digo intentando parecer convencida. -Pero a ver, cuéntame qué tenéis pensado, porque no nos vamos a pasar todo el verano de gira.

-¿Y quién te dice a ti que no? Vamos a seguir a Pablo hasta que se canse de nosotras.

-¡Si hombre! Que no quiero que me coja manía. Al final me va a odiar.

-Mejor, me dice entre risas. Ya sabes que del amor al odio...

-Anda boba, cuéntame, ¿Dónde tenéis pensado ir, y cómo?

-El primer concierto es en Madrid. Es un viernes, así que no creo que tengas inconvenientes para poder ir. Después nos iremos para el sur, Sevilla, Málaga, Córdoba… Seguiremos por Murcia y después Valencia.

-¿Pero a tantos conciertos vamos a ir?

-¡Esto es solo el principio!



-Estás loca… Nos va a pillar manía, ya verás.

-Mira Azahara, después de pasarme todo el año ahorrando para esto... no pienso escatimar en nada, ¿eh? Tengo el coche listo, y además, en algunas ciudades tenemos casa, ya sabes...

-Si ya sabes que por el dinero no es...

-Pues entonces no hay más que hablar. Esta chica...es de lo que no hay. -Por cierto, ¿Cómo va tu novela? 
¿Hoy subes capítulo?, me pregunta intrigada.

-¿Tú también la lees? ¡No me habías dicho nada! Pues precisamente estaba escribiendo...

-¿En serio?

-Sí, pero no me convence.

-¿Por qué?

-Porque soy una ilusa… Pablo nunca se sentiría atraído por alguien como yo. Claro que tampoco soy yo la persona reflejada en esa novela…

-No digas eso mujer. Tienes que dejarte ir, ser tu misma y no depender de las decisiones de los demás. Debes empezar a tomar tus propias decisiones, porque tú quieras, no porque te coman la cabeza. Deja de lado la timidez, ya sabes lo que se dice: quien tiene vergüenza, ni come ni almuerza.

-Si llevas razón, pero no es tan fácil.

-Pues mira, más razón para que te vengas a todos los conciertos. Conmigo, se te quita la tontería en un par de días. Vamos, te voy a espabilar.

-No hagas que me arrepienta… Ambas estallamos en una carcajada.

-Si es que mira que tengo el ejemplo perfecto de lo que querría ser a mi lado, ¿eh? Mi hermana es exactamente contraria a mí. Pero no se me ha pegado nada... Nadie diría que somos hermanas si el ADN no lo verificara...



-Eso es porque todavía sigues en el huevo, y aunque le das golpecitos para salir, la cáscara a toquecitos no se rompe...

-Lo sé... lo sé... poco a poco Miriam, poco a poco.

-Bueno y volviendo al tema, ¿qué va a pasar el próximo capítulo?, insiste.

-Pero mira que eres, ¿eh?, tendrás que esperar a que lo suba, no intentes persuadirme...

-¡Venga, vamos, Azahara! ¿Ni siquiera una pista?

-Ah, ah, no. Sino pierde la gracia.

-¿Cuándo estemos de viaje también me vas a negar saber lo que escribes? Me pregunta algo mosqueada.

-Cuando estemos de viaje no creo que tenga tiempo a escribir.

-Conociéndote, seguro que sacas tiempo de debajo de las piedras.

-Bueno, vale, sí, tienes razón.

-Entonces… ¿Hay pista?

-¡No, he dicho que no!

-Va, Azahara… Sé que lo estás deseando.

-¿No has dicho que tome mis propias decisiones y no me deje influenciar por los demás? Pues ahí va mi decisión: no habrá capítulo hasta que no lo cuelgue en el blog.

1

 Por mi cabeza pasean las mismas dudas de siempre. Mi dedo se niega a accionar esa maldita clavija del ratón... una vez más. Azahara, Azahara, Azahara... ¿Cuando superarás de una vez esta estúpida timidez?



Me llamo Azahara, tengo 21 años, y vivo en mi adorada Barcelona. Una chica tímida, recatada; de buena familia, y educada bajo la supervisión constante de mis estrictos padres. Estudio publicidad en una de las mejores universidades de la ciudad.

Criada como una auténtica muñequita de porcelana, entre algodones. La hija mayor de dos hermanas, y una de las tantísimas mujeres de mi numerosa familia. Mi infancia fue recatada, disciplinada y metódica; siempre ligada a normas, a reglamentos y ordenanzas, más propias de un alto ejecutivo que de una pequeña niña.




Escribo, si, lo hago desde que era muy pequeñita, es mi única vía de escape. En mis historias, me aislo del mundo real y me adentro en mi perfecto mundo paralelo en el que me encantaría vivir. Ese lugar soñado en el que soy feliz como quiero y cuando quiero. La verdad es que nunca me planteé publicar mis historias. Crecí envuelta en la era “blog”, pero estaba más acostumbrada a ver que éstos eran un sustituto a los diarios personales de antaño, y como os cuento, mis escritos eran de todo menos diario. No os voy a negar que sería fantástico que eso fuera real, pero ya lo dicen... soñar es gratis, así que permitirme soñar. Pero ahora es diferente... Desde ese maravilloso instante en el que mi mano accionó play en uno de los vídeos recomendados en Youtube, mi vida ha dado un giro desconcertante.

Si, siempre he sido una muchacha vergonzosa, que apenas hablaba en clase, que apenas tenía amigos, y que prácticamente no salía de casa, más que para ir a la escuela. Pero desde entonces, todo cambió. Empecé a recorrer España, visitando algunas de las Salas en las que él, aquél malagueño, rubio y de ojos profundos, deleitaba al público que abarrotaba el recinto. Así fue como conocí a las que ahora considero mis amigas, bueno, tal vez más que eso...

Finalmente, en uno de esos cruces de cables que tengo últimamente, mi dedo acciona el botón izquierdo del ratón, y el primer capítulo de la historia acaba publicado en mi flamante blog, ajena a lo que sucedería después... sin saber que aquél capítulo sería el detonante de la marea que me envolvería.




Hoy ha llegado el día, después de estar tanto tiempo esperando por fin podré conocerlo. Los nervios invaden mi cuerpo a medida que pasan las horas. No sé cómo vestirme. Sé que no se va a fijar en mí, pero quiero estar guapa. Regiro todo el armario en busca de algo que ponerme. Finalmente encuentro lo que busco y lo coloco cuidadosamente sobre la cama. Miro el conjunto una vez más. Sí, esto está bien. Decido ir a por una ducha y así de paso intento calmar mis nervios. Dejo que el agua caliente resbale por mi piel y siento como se relajan notablemente todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo.

Me llamo Ariadna, tengo 21 años y estudio turismo. Vivo en Barcelona, cerca del Camp Nou. Realmente es una ciudad bonita, tiene sus pros y sus contras, como todas las ciudades, pero a mí me gusta vivir aquí. Lo bueno de vivir al lado del Camp Nou, es que he ido más de una vez a ver algunos partidos y siempre hay ambiente por las calles de mi barrio.

Hace un tiempo empecé a seguir a un artista que acaba de dar el salto, Pablo Alborán, quizás os suene, y hoy voy a asistir a uno de sus conciertos por primera vez, es por eso por lo que estoy temblando; un sueño hecho realidad. Descubrí sus videos en Youtube no hace demasiado y me encandiló. Desde ese momento he estado deseando verle y hoy por fin se cumple mi deseo. Ahora mismo estoy bajo la ducha de un hotel en Madrid. He recorrido todos estos kilómetros sólo para venir a verlo al concierto que da en la Sala Morocco. Hacía siglos que no pisaba tierras madrileñas. Se me hace extraño estar aquí, sola. Siempre que he venido, he venido acompañada, normalmente por mi familia. Suspiro. Será mejor que me dé prisa o al final acabaré llegando tarde.

Ya duchada, peinada y maquillada, me dispongo a vestirme. Miro una última vez la ropa sobre la cama y sonrío. Estoy emocionada… ¡por fin! Me visto rápidamente y me doy un último vistazo en el espejo. Sí, creo que esto bastará, tampoco se trata de ir exageradamente arreglada. Cojo mi bolso con las entradas y salgo de mi habitación.

Cuando llego a recepción, veo que mi amiga ya me está esperando. Justo a tiempo. Sandra vive aquí, en Madrid, y se ha ofrecido a llevarme y venir al concierto conmigo. Me tiende un paraguas y la miro sorprendida.

-¿Llueve? –Pregunto. Ella asiente, encogiéndose de hombros.

Salimos fuera, abrimos el paraguas y nos dirigimos al coche. El aire fresco de la noche acaricia mi piel, cosa que agradezco. A medida que avanzo hacia el coche, el nudo en mi estómago es más difícil de ignorar. ¡Ariadna, cálmate! Me regaño. Tomo una profunda inspiración y me meto en el coche.

-¿Nerviosa? –Me sonríe Sandra.

-¿Tú no lo estás? –Me tiembla la voz.

-Sí. –Me mira con complicidad. Le dedico una sonrisa afectuosa, intentando mantener mis nervios a raya. No puedo creer que vaya a verlo, simplemente no puedo creerlo.

Sandra enciende la radio para amenizar el viaje e intentar distraernos; realmente funciona. Aparca a un par de calles de la sala, por lo que tenemos que andar un poco. Ya casi no llueve, caen cuatro gotas.  

Cuando llegamos a la puerta de la sala ya hay gente haciendo cola. El nudo en mi estómago se hace más persistente, recordándome lo nerviosa que estoy. A los pocos minutos abren las puertas y empezamos a entrar. Cojo la mano de Sandra y la aprieto con fuerza, emocionada. Ella gira su cabeza levemente y me mira, sonriendo. Damos las entradas y nos dirigimos hacia dentro. Intentamos avanzar lo más adelante posible para poder verle más de cerca. Finalmente conseguimos tercera fila, cosa que no está nada mal. La sala se va llenando a medida que pasan los minutos y, cuando parece que ya ha entrado todo el mundo, aparece él, tan risueño como en sus vídeos, vestido con una camiseta negra y un pañuelo adornando su cuello. Me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración cuando sus ojos se cruzan con los míos. Una milésima de segundo en la que mi corazón se salta un latido. Es mucho más impactante de lo que me hubiese imaginado… Y mucho más guapo en persona.

Empieza a acariciar las cuerdas de su guitarra, creando una dulce melodía a la cual se añade, segundos después, su voz aterciopelada. Un escalofrío recorre mi cuerpo y se me pone la piel de gallina. Para cuando me quiero dar cuenta estoy llorando. Miro a Sandra, a mi izquierda. Parece ser que no soy la única que está derramando lágrimas en esta sala. Mi mirada se cruza con la de Sandra y nos sonreímos como dos tontas, entendiendo a la perfección cómo se siente la otra. Acaba la canción y la sala se suma en gritos, aplausos y silbidos. Disfruto del resto del concierto, sintiendo cada canción, dejándome llevar por la música como nunca antes lo había hecho. Mi mirada se vuelve a cruzar con la de él y me guiña un ojo. ¡Whoa! Pablo Alborán me acaba de guiñar el ojo. Creo que entro en shock. Cuando logro reaccionar, me percato de que se fija en su público, en las personas que están aquí disfrutando de su música, disfrutando con él.

El concierto acaba y él, muy amablemente, se ofrece a quedarse un rato para firmar autógrafos y hacerse fotos con sus fans. El nudo en el estómago que creía olvidado, reaparece, haciéndome temblar. Esto es mucho más de lo que esperaba. Un corro de gente lo envuelve y Sandra y yo nos unimos. Conseguimos llegar hasta él y me espero a poder acercarme. Se hace una foto con una fan y mira en mi dirección, sonriéndome. Creo que acabo de morir. Sandra me empuja levemente, así que doy un paso hacia Pablo, que me mira con ojos expectantes. No puedo parar de temblar. Doy un paso más hasta llegar a él, creyendo que voy a caerme al suelo… Y me quedo muda. Es impresionante… Cabello rubio, ojos marrones oscuros, facciones dulces y una barba no muy larga que adorna su cara. Me quedo admirándolo, intentando procesar este momento.

-Hola guapa. –Me sonríe. Me doy cuenta de que estoy conteniendo mi respiración otra vez cuando él habla. ¡Dios mío! ¿Pablo Alborán me acaba de decir “Hola guapa”? Creo que me voy a desmayar.

-Ho-Hola… -Consigo decir entrecortadamente. Le doy dos besos y un fuerte abrazo, al que él corresponde abrazándome con fuerza. Huele tan bien… Me separo y vuelvo a mirarle. Rebusco en mi bolso y le tiendo una foto para que me la firme.

-¿Cómo te llamas?

-Ariadna… -Me fijo en como desliza el permanente por la foto que le he dado, escribiendo “para Ariadna”. – Has estado impresionante esta noche. –Susurro. Él sonríe y yo me derrito ante su preciosa sonrisa.- Ha sido… muy emocionante, la verdad.

-Muchas gracias Ariadna. –Me sonríe de nuevo y me devuelve mi foto firmada. La guardo en el bolso y saco mi cámara de fotos.

-¿Podemos hacernos una foto?

-Claro que sí. –Me sonríe. Coge mi cámara, alza su brazo y rodea mi cintura con su brazo libre, acercándome a él. Sonreímos a la cámara y presiona el botón para hacer la foto.

-Muchas gracias Pablo. –Le sonrío, con alegría en mi voz.

-A ti, mi niña. –Me guiña un ojo.

¡Whoa! Ahí va otra vez. ¿Mi niña? Creo que tengo una parada cardíaca.

Me alejo, dejando que Sandra se acerque a él, y salgo de la multitud. Miro la foto y me contengo para no ponerme a saltar de alegría aquí mismo. Me abrazo a mí misma, asimilando y absorbiendo todas estas sensaciones y emociones nuevas. “A ti, mi niña”. Sus palabras vuelven a mi cabeza. ¿Cómo puede ser tan dulce? Sandra sale de la multitud con una gran sonrisa pintada en su cara. Nos reímos juntas, eufóricas y salimos fuera de la sala para andar hacia el coche.