Criada como una
auténtica muñequita de porcelana, entre algodones. La hija mayor de dos
hermanas, y una de las tantísimas mujeres de mi numerosa familia. Mi infancia
fue recatada, disciplinada y metódica; siempre ligada a normas, a reglamentos y
ordenanzas, más propias de un alto ejecutivo que de una pequeña niña.
Escribo, si, lo
hago desde que era muy pequeñita, es mi única vía de escape. En mis historias,
me aislo del mundo real y me adentro en mi perfecto mundo paralelo en el que me
encantaría vivir. Ese lugar soñado en el que soy feliz como quiero y cuando
quiero. La verdad es que nunca me planteé publicar mis historias. Crecí
envuelta en la era “blog”, pero estaba más acostumbrada a ver que éstos eran un
sustituto a los diarios personales de antaño, y como os cuento, mis escritos
eran de todo menos diario. No os voy a negar que sería fantástico que eso fuera
real, pero ya lo dicen... soñar es gratis, así que permitirme soñar. Pero ahora
es diferente... Desde ese maravilloso instante en el que mi mano accionó play
en uno de los vídeos recomendados en Youtube, mi vida ha dado un giro
desconcertante.
Si, siempre he sido
una muchacha vergonzosa, que apenas hablaba en clase, que apenas tenía amigos,
y que prácticamente no salía de casa, más que para ir a la escuela. Pero desde
entonces, todo cambió. Empecé a recorrer España, visitando algunas de las Salas
en las que él, aquél malagueño, rubio y de ojos profundos, deleitaba al público
que abarrotaba el recinto. Así fue como conocí a las que ahora considero mis amigas,
bueno, tal vez más que eso...
Finalmente, en uno
de esos cruces de cables que tengo últimamente, mi dedo acciona el botón
izquierdo del ratón, y el primer capítulo de la historia acaba publicado en mi
flamante blog, ajena a lo que sucedería después... sin saber que aquél capítulo
sería el detonante de la marea que me envolvería.
Hoy ha llegado el
día, después de estar tanto tiempo esperando por fin podré conocerlo. Los
nervios invaden mi cuerpo a medida que pasan las horas. No sé cómo vestirme. Sé
que no se va a fijar en mí, pero quiero estar guapa. Regiro todo el armario en
busca de algo que ponerme. Finalmente encuentro lo que busco y lo coloco
cuidadosamente sobre la cama. Miro el conjunto una vez más. Sí, esto está bien.
Decido ir a por una ducha y así de paso intento calmar mis nervios. Dejo que el
agua caliente resbale por mi piel y siento como se relajan notablemente todos y
cada uno de los músculos de mi cuerpo.
Me llamo Ariadna,
tengo 21 años y estudio turismo. Vivo en Barcelona, cerca del Camp Nou.
Realmente es una ciudad bonita, tiene sus pros y sus contras, como todas las
ciudades, pero a mí me gusta vivir aquí. Lo bueno de vivir al lado del Camp
Nou, es que he ido más de una vez a ver algunos partidos y siempre hay ambiente
por las calles de mi barrio.
Hace un tiempo
empecé a seguir a un artista que acaba de dar el salto, Pablo Alborán, quizás
os suene, y hoy voy a asistir a uno de sus conciertos por primera vez, es por
eso por lo que estoy temblando; un sueño hecho realidad. Descubrí sus videos en
Youtube no hace demasiado y me encandiló. Desde ese momento he estado deseando
verle y hoy por fin se cumple mi deseo. Ahora mismo estoy bajo la ducha de un
hotel en Madrid. He recorrido todos estos kilómetros sólo para venir a verlo al
concierto que da en la Sala Morocco. Hacía siglos que no pisaba tierras
madrileñas. Se me hace extraño estar aquí, sola. Siempre que he venido, he
venido acompañada, normalmente por mi familia. Suspiro. Será mejor que me dé
prisa o al final acabaré llegando tarde.
Ya duchada, peinada
y maquillada, me dispongo a vestirme. Miro una última vez la ropa sobre la cama
y sonrío. Estoy emocionada… ¡por fin! Me visto rápidamente y me doy un último
vistazo en el espejo. Sí, creo que esto bastará, tampoco se trata de ir
exageradamente arreglada. Cojo mi bolso con las entradas y salgo de mi
habitación.
Cuando llego a
recepción, veo que mi amiga ya me está esperando. Justo a tiempo. Sandra vive
aquí, en Madrid, y se ha ofrecido a llevarme y venir al concierto conmigo. Me
tiende un paraguas y la miro sorprendida.
-¿Llueve? –Pregunto. Ella asiente,
encogiéndose de hombros.
Salimos fuera,
abrimos el paraguas y nos dirigimos al coche. El aire fresco de la noche
acaricia mi piel, cosa que agradezco. A medida que avanzo hacia el coche, el
nudo en mi estómago es más difícil de ignorar. ¡Ariadna, cálmate! Me regaño.
Tomo una profunda inspiración y me meto en el coche.
-¿Nerviosa? –Me sonríe Sandra.
-¿Tú no lo estás? –Me tiembla la voz.
-Sí. –Me mira con complicidad. Le dedico una
sonrisa afectuosa, intentando mantener mis nervios a raya. No puedo creer que
vaya a verlo, simplemente no puedo creerlo.
Sandra enciende la
radio para amenizar el viaje e intentar distraernos; realmente funciona. Aparca
a un par de calles de la sala, por lo que tenemos que andar un poco. Ya casi no
llueve, caen cuatro gotas.
Cuando llegamos a
la puerta de la sala ya hay gente haciendo cola. El nudo en mi estómago se hace
más persistente, recordándome lo nerviosa que estoy. A los pocos minutos abren
las puertas y empezamos a entrar. Cojo la mano de Sandra y la aprieto con
fuerza, emocionada. Ella gira su cabeza levemente y me mira, sonriendo. Damos
las entradas y nos dirigimos hacia dentro. Intentamos avanzar lo más adelante
posible para poder verle más de cerca. Finalmente conseguimos tercera fila,
cosa que no está nada mal. La sala se va llenando a medida que pasan los
minutos y, cuando parece que ya ha entrado todo el mundo, aparece él, tan
risueño como en sus vídeos, vestido con una camiseta negra y un pañuelo
adornando su cuello. Me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración cuando
sus ojos se cruzan con los míos. Una milésima de segundo en la que mi corazón
se salta un latido. Es mucho más impactante de lo que me hubiese imaginado… Y
mucho más guapo en persona.
Empieza a acariciar
las cuerdas de su guitarra, creando una dulce melodía a la cual se añade,
segundos después, su voz aterciopelada. Un escalofrío recorre mi cuerpo y se me
pone la piel de gallina. Para cuando me quiero dar cuenta estoy llorando. Miro
a Sandra, a mi izquierda. Parece ser que no soy la única que está derramando
lágrimas en esta sala. Mi mirada se cruza con la de Sandra y nos sonreímos como
dos tontas, entendiendo a la perfección cómo se siente la otra. Acaba la
canción y la sala se suma en gritos, aplausos y silbidos. Disfruto del resto
del concierto, sintiendo cada canción, dejándome llevar por la música como
nunca antes lo había hecho. Mi mirada se vuelve a cruzar con la de él y me
guiña un ojo. ¡Whoa! Pablo Alborán me acaba de guiñar el ojo. Creo que entro en
shock. Cuando logro reaccionar, me percato de que se fija en su público, en las
personas que están aquí disfrutando de su música, disfrutando con él.
El concierto acaba
y él, muy amablemente, se ofrece a quedarse un rato para firmar autógrafos y
hacerse fotos con sus fans. El nudo en el estómago que creía olvidado,
reaparece, haciéndome temblar. Esto es mucho más de lo que esperaba. Un corro
de gente lo envuelve y Sandra y yo nos unimos. Conseguimos llegar hasta él y me
espero a poder acercarme. Se hace una foto con una fan y mira en mi dirección,
sonriéndome. Creo que acabo de morir. Sandra me empuja levemente, así que doy
un paso hacia Pablo, que me mira con ojos expectantes. No puedo parar de
temblar. Doy un paso más hasta llegar a él, creyendo que voy a caerme al suelo…
Y me quedo muda. Es impresionante… Cabello rubio, ojos marrones oscuros,
facciones dulces y una barba no muy larga que adorna su cara. Me quedo
admirándolo, intentando procesar este momento.
-Hola guapa. –Me sonríe. Me doy cuenta de que estoy
conteniendo mi respiración otra vez cuando él habla. ¡Dios mío! ¿Pablo Alborán
me acaba de decir “Hola guapa”? Creo que me voy a desmayar.
-Ho-Hola… -Consigo decir entrecortadamente. Le doy
dos besos y un fuerte abrazo, al que él corresponde abrazándome con fuerza.
Huele tan bien… Me separo y vuelvo a mirarle. Rebusco en mi bolso y le tiendo
una foto para que me la firme.
-¿Cómo te llamas?
-Ariadna… -Me fijo en como desliza el permanente por
la foto que le he dado, escribiendo “para Ariadna”. – Has estado impresionante esta noche. –Susurro. Él sonríe y yo me
derrito ante su preciosa sonrisa.- Ha
sido… muy emocionante, la verdad.
-Muchas gracias Ariadna. –Me sonríe de
nuevo y me devuelve mi foto firmada. La guardo en el bolso y saco mi cámara de
fotos.
-¿Podemos hacernos una foto?
-Claro que sí. –Me sonríe. Coge mi cámara, alza su brazo
y rodea mi cintura con su brazo libre, acercándome a él. Sonreímos a la cámara
y presiona el botón para hacer la foto.
-Muchas gracias Pablo. –Le sonrío, con alegría en mi voz.
-A ti, mi niña. –Me guiña un ojo.
¡Whoa! Ahí va otra
vez. ¿Mi niña? Creo que tengo una parada cardíaca.
Me alejo, dejando
que Sandra se acerque a él, y salgo de la multitud. Miro la foto y me contengo
para no ponerme a saltar de alegría aquí mismo. Me abrazo a mí misma,
asimilando y absorbiendo todas estas sensaciones y emociones nuevas. “A ti, mi
niña”. Sus palabras vuelven a mi cabeza. ¿Cómo puede ser tan dulce? Sandra sale
de la multitud con una gran sonrisa pintada en su cara. Nos reímos juntas, eufóricas
y salimos fuera de la sala para andar hacia el coche.



Wowww, que bonito nena, este capitulo, yo quiero ser Ariadna tambien y que me firme, y me diga guapa, y mi nina, jaja a ver si lo consigo, me muero, me voy a enganchar a esta historia lo que no entuendo muy bien es si son 2 historias con 2 chicas distintas, creo q si, bueno me encanto.. Soy @luz_alboran
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